sábado, 14 de marzo de 2015

LAURA VICENTE, CLAUDIA ALVAREZ, TERESA FERNANDEZ


La toxina del tétanos, un aliado contra un letal tumor cerebral


La lucha contra uno de los tumores cerebrales más letales, el glioblastoma, ha encontrado un inesperado aliado en la toxina del tétanos. Al administrar la vacuna junto a un tratamiento que entrenaal sistema inmunitario para atacar selectivamente a las células malignas, la supervivencia de los pacientes afectados por esta neoplasia tan devastadora se incrementa notablemente y puede llegar incluso hasta los cuatro años, cuando la media con el tratamiento convencional apenas supera el año de vida.
“Los resultados son excepcionales”, apunta Pedro Pérez Segura, de la Sociedad Española de Oncología Médica y especialista en tumores cerebrales. El trabajo -un ensayo clínico con 12 pacientes- lo han desarrollado investigadores del Duke Cancer Institute y lo publica la revista Nature.

Este último paso es especialmente relevante, apunta Pérez Segura. La terapia convencional, basada en la combinación de cirugía, quimio y radioterapia ofrece una supervivencia media del 5% al cabo de los cinco años. Y los intentos que ha habido para combatir esta neoplasia por otras vías, como por ejemplo mediante terapias personalizadas, que tan buenos resultados han arrojado en otros tipos de tumores como el de mama, han fracasado. De ahí la esperanza que despiertan los resultados publicados por el grupo de la Universidad de Duke en glioblastoma.El hallazgo se enmarca en las estrategias que pretenden estimular las defensas del propio cuerpo para combatir los tumores, la llamada inmunoterapia, un abordaje que se ha convertido en la última frontera contra la enfermedad y que ha comenzado a llegar a los pacientes,en especial, a los afectados por melanoma avanzado. Distintos trabajos han mostrado resultados alentadores también en algunos tumores de pulmón y riñón, o vejiga y cérvix. A ellos se suma ahora el glioblastoma.
La investigación parte de estudios previos que habían detectado un curioso fenómeno. Existe un tipo de virus muy común en buena parte de la población (el citomegalovirus, CMV) que siente una especial atracción por los glioblastomas, de forma que su tendencia natural es hospedarse en este tejido neoplásico. Esta circunstancia, que aún carece de explicación científica, abre una atractiva vía para atacar el tumor: si se pueden dirigir las defensas del cuerpo contra el virus, al enfrentarse a este patógeno, combatirán también el tejido maligno.
Para sacar provecho de esta estrecha relación virus-tumor, los investigadores acudieron a unas células del sistema inmune, las células dendríticas, que tienen un papel clave en el inicio de la respuesta defensiva del cuerpo. Su función consiste en encontrar patógenos y, una vez identificados, desplazarse a los ganglios, dondeentrenan a los linfocitos a combatir el patógeno que han identificado.
El equipo de la universidad de Duke desarrolló un procedimiento para asegurarse de que estas células identificaran al virus CMV y fueran capaces de organizar la respuesta de las defensas contra el patógeno y el tumor. Manipularon células dendríticas en el laboratorio y las expusieron al virus CMV con un objetivo: que al inyectarlas en el torrente sanguíneo, acudieran a los nodos linfáticos y activaran la fabricación de linfocitos capaces de atacar el virus y, por ello, también al tumor.
Todo este recorrido arrojó un resultado modesto. Había reacción inmunitaria por parte de los linfocitos, pero limitada. Los investigadores buscaron cómo potenciar la respuesta defensiva. Pensaron en una vacuna segura, eficaz, suficientemente probada que pudiera estimular tanto la producción como la agresividad de los linfocitos. Y lo intentaron con la del tétano y la difteria.

Ni de lejos se habían conseguido cifras como estas
Pedro Pérez Segura, especialista en tumores cerebrales
Para comprobar sus efectos, se seleccionó a un grupo de 12 pacientes. A la mitad les administró un placebo; a los seis restantes la vacuna. Y un día después se sometieron a la inmunoterapia con células dendríticas. Los resultados fueron sorprendentes.
En el primer grupo se observó un notable incremento de la supervivencia: vivieron entre 57 y 100 meses (de 2,3 a 4,1 años). Uno de estos pacientes incluso sigue vivo ocho años después y sin crecimiento tumoral. La supervivencia del otro grupo se situó en torno a los 11,6 meses.
“Ni de lejos se habían conseguido cifras como estas”, comenta Pérez Segura, quien considera que el trabajo sirve como prueba de concepto de que la estrategia es adecuada. “Ahora falta ver qué sucede en un ensayo clínico de mayor envergadura”, añade, “estoy convencido de que [los investigadores] ya están en ello”. Y no se equivoca. “Estamos proyectando estudios de mayor escala para confirmar los resultados”, ha expuesto Duane Mitchell, actual director del programa de inmunoterapia aplicada a los tumores cerebrales de la Universidad de Florida y uno de los autores del trabajo.

domingo, 8 de marzo de 2015

Por Esther Alperi y Julia Menéndez

Un macroproyecto revela el mapa de los ‘interruptores’ del genoma

El Proyecto Epigenoma Humano localiza las modificaciones del ADN que explican el desarrollo de la persona y sus grandes enfermedades

  • Mapeada una “nueva dimensión” del genoma humano



Tras el genoma humano, llega el epigenoma humano. Lo que hace un gen no solo depende de su secuencia (gattacca…), sino de otras cosas que se pueden pegar sobre ella (de ahí epi, literalmente "encima de"), como los grupos más sencillos de la química orgánica (metilo, –CH3) y ciertas proteínas especializadas en empaquetar ADN (histonas). Estas modificaciones epigenéticas explican que, aunque todas las células de una persona tengan el mismo genoma, unas se conviertan en células de la piel, otras en neuronas, y así hasta los más de un centenar de tipos celulares especializados, o diferenciados, que constituyen el cuerpo.
Como las modificaciones epigenéticas dependen del entorno, también está cada vez más claro su papel esencial en todo tipo de respuestas al ambiente y enfermedades. Un macroproyecto revela hoy el mapa epigenómico humano, que localiza dónde están esas modificaciones (metilos, histonas) en todos los tipos celulares importantes del cuerpo humano, y también en 58 enfermedades (genéticamente) complejas. Como pasó con el proyecto Genoma Humano, la información se hará pública y gratuita para todo el mundo.
El macroestudio se presenta en varios artículos de Nature, Nature Communications, Nature Biotechnology, Nature Methods, Nature Neuroscience, Nature Immunology y Nature Protocols.Todo el material se puede consultar en una web habilitada para ello.
Los investigadores de todo el mundo podrán a partir de ahora comparar la funcionalidad del genoma –qué genes están activos, activables o cerrados a conciencia— en cada tejido y tipo celular del cuerpo, consiguiendo un entendimiento profundo de lo que hace diferente a una célula del corazón de una del hígado, o de la piel, o del cerebro. Y también dispondrán de una referencia normal con que comparar las distintas células y tejidos de sus pacientes, revelando así cuáles son los elementos de control que causan su enfermedad en cualquier tejido u órgano.
El principal coordinador del nuevo macroproyecto, Manolis Kellis, del Massachusetts Institute of Technology (MIT, junto a Boston), amplía una metáfora clásica para explicar el concepto: “El proyecto genoma humano nos dio el libro de la vida que codifica a un ser humano. Todas nuestras células tienen una copia del mismo libro, pero cada una lee distintos capítulos, dobla la esquina de distintas páginas y subraya distintos párrafos y palabras. El epigenoma humano es esta colección de marcas situadas en el genoma de cada tipo celular, en la forma de modificaciones químicas del propio ADN, y en su empaquetamiento a gran escala”.

martes, 10 de febrero de 2015

El español que inventó la cura de la Hepatitis C


El 'español' que inventó la cura de la hepatitis C            

  ·Antonio Pérez

 y Rubén Roldán·

  • Raymond Schinazzi ha ganado 440 millones con el Sovaldi

  • Su padre, de origen sefardi, trabajó 20 años en Campofrío

  • Estaría 'encantado' de mediar entre España y la farmacéutica que compró la patente para acordar un 'precio justo' por su fármaco

  • Calcula que que su píldora curará decenas de millones de vidas


Cuando era un joven científico, Raymond Schinazi viajaba cada verano a España para visitar a su familia. Su padre, de nacionalidad egipcia, fue expulsado de su país a principios de los 60 por su sangre sefardí y sólo encontró su refugio en la fábrica de Campofrío en Burgos. Pero los Schinazi no querían que su prometedor retoño se criara en otra dictadura, así que le enviaron a Bath (Inglaterra) para que estudiara Ciencias Químicas.
Nadie imaginaba que, cuatro décadas más tarde, aquel espabilado chaval se convertiría en el creador de fármacos que salvarían millones de vidas. El más destacado es Sovaldi, su droga contra la hepatitis C, una enfermedad que aniquila medio millón de vidas al año. Nunca ha habido un lanzamiento farmacológico más rentable que la píldora milagro del doctor Schinazi. Pero su astronómico precio -hasta 60.000 euros por tratamiento- ha provocado una polémica a la altura de su eficacia: numerosos gobiernos, incluido el español, se resisten a recetárselo a todos los enfermos.
-Sí, soy el padre de Sovaldi -proclama orgulloso Schinazi, de 64 años, desde un congreso médico en San Francisco-. Yo fundé Pharmasset, el laboratorio que lo descubrió, contraté a los científicos, conseguí la financiación, aporté las ideas básicas de la investigación...
Un grueso acento yanki camufla los orígenes egipcios de Raymond Schinazi. Aunque, a veces, salta al castellano que aprendió de sus ancestros para subrayar alguna frase: "Adoro España, ¡es mi segundo hogar!". El químico detalla con pasmosa naturalidad el número de vidas que han salvado los inventos de su laboratorio: "Según mis cálculos, sólo los retrovirales contra el VIH han evitado siete millones de muertes". ¿Y el Sovaldi? "¡Tiene aún más potencial! A largo plazo, curará a decenas de milllones de pacientes. Por eso, no entiendo a qué esperan los gobiernos para dárselo a los enfermos".

Sovaldi, su droga contra la hepatitis C
-¿Conoce la polémica que ha provocado su fármaco en España? Los enfermos incluso han organizado encierros para que se lo receten de forma gratuita.
-Por supuesto. Y creo que el gobierno debe actuar ya. Tiene que recetárselo de inmediato a los enfermos más graves, porque si no morirán. Además, pueden contagiárselo a otras personas, con lo que se agravaría el problema.
-En pleno recorte sanitario, ¿está justificado pagar tanto por un fármaco?
-La alternativa es no hacer nada. Unos enfermos morirán, otros recibirán trasplantes, el resto sufrirá cirrosis o cáncer y serán hospitalizados decenas de veces... A la larga, saldrá mucho más caro. Eso sí, los gobiernos deben negociar con la farmacéutica pararebajar los precios todo lo posible.

El ejemplo egipcio

Así ocurrió en su país natal, donde la hepatitis C es una epidemia colosal: sufren la peor tasa de contagios del mundo -el 10% de la población- por el uso de agujas contaminadas en campañas de vacunación en los años 60 y 70. Schinazi admite que ayudó "indirectamente" al gobierno egipcio para que negociara una rebaja con Gilead, la multinacional que le compró la patente en 2011. Hoy, el tratamiento sólo cuesta 900 dólares a los egipcios, la centésima parte que en EEUU.
-Otros países, como India, también disfrutan de Sovaldi a precios humanitarios. ¿A qué se debe esta diferencia de precios?
-La farmacéutica negocia precios asequibles con los países pobres, que no pueden pagar la tarifa estándar. Imagino que nadie estará en contra de ayudar al Tercer Mundo, ¿no? España, pese a todos sus problemas económicos, puede pagar más que Egipto.
[Los críticos de la farmacéutica argumentan, sin embargo, que estos acuerdos buscan evitar que los fabricantes de genéricos indios copien por las bravas el Sovaldi. Así, Gilead cobra un pequeño canon y, sobre todo, protege los mercados de países de ingresos altos y medios, los más lucrativos para estos fármacos de última generación].
-¿Estaría dispuesto a mediar para que España, su "segundo hogar", disfrute de mejores precios?
-Me encantaría. El precio depende del PIB del país. Creo que los españoles pueden acordar una tarifa más baja que Francia. [Allí el tratamiento de 12 semanas cuesta 41.000 euros, mientras que España, según se ha publicado, pagará unos 25.000 euros].
'35.000 euros me parece un precio justo para España. A largo plazo, se gastaría más dinero en trasplantes'
-Para usted, ¿cuál es un precio justo para el Sovaldi en España?
-Creo que unos 35.000 euros por curar a una persona de una enfermedad mortal es asumible para un país rico como España. Además, a largo plazo, te ahorras dinero en trasplantes, en tratamientos oncológicos... Y no olvidemos que el fármaco irá bajando de precio en los próximos años.
-Pero fabricar el Sovaldi cuesta la centésima parte de ese precio. Explique a los españoles por qué tienen que pagar tanto.
-El fabricante tiene que recuperar los 11.000 millones de dólares que les costó comprar la patente. También debe costear los fármacos que nunca triunfan en el mercado. Y, por supuesto, ha de obtenerbeneficios para sus accionistas. Sin eso, nadie financiaría las investigaciones para descubrir nuevos tratamientos. Puede sonar duro, pero es algo que he aprendido a lo largo de mi carrera.
Esta biografía arranca en 1950 en Alejandría. Cuando nació Schinazi, la ciudad egipcia aún conservaba la tolerancia cosmopolita del viejo Oriente Medio. Pero el paraíso se esfumó con el estridente nacionalismo de Gamal Abdel Nasser y la crisis de Suez de 1956. Los Schinazi, como todas las familias sefardíes de Egipto, vieron confiscados sus bienes a comienzos de los 60. De golpe, esta próspera familia de comerciantes se vio arrinconada en un campo de refugiados a las afueras de Nápoles.
El padre buscó cobijo en su antigua nación, España, de la que sus antepasados sefardíes fueron expulsados en 1492. A través de un contacto, obtuvo un trabajo en las oficinas de Campofrío en Burgos, donde trabajó casi dos décadas y llegó a ejercer de director de exportaciones. Sin embargo, el joven Raymond se marchó a Inglaterra, donde cursó el bachillerato con la beca de una ONG que ayudaba a los refugiados judíos.
Raymond Schinazi siempre tuvo clara su vocación científica. La heredó de su tío, André Nahmias, toda una eminencia mundial en el estudio del virus del herpes. Así, obtuvo una plaza en la Universidad de Bath, donde se sacó la licenciatura. Luego completó el doctorado con una tesis sobre la elipticina, un fármaco contra el cáncer extraído de plantas.
Eso sí, cada verano, Schinazi se reunía con su clan en tierras españolas. Juntos recorrieron todo el país: la playa, las montañas, las principales ciudades... "Estoy muy agradecido a tu país por acoger a mi familia cuando más lo necesitaba", asegura hoy. "Gracias a España, mi padre obtuvo un trabajo, pudo prosperar y mantener a su familia. No lo olvidamos".

'Que nos ayude'

En Burgos, la tierra de sus ancestros, Francisco Javier aguarda inquieto a que Schinazi devuelva el favor a España a través de su píldora mágica. Hace 22 años que le diagnosticaron hepatitis C y sufre una cirrosis galopante, pero aún no ha conseguido que su médico le recete Sovaldi. "Si el doctor ayuda a que el gobierno nos pague las medicinas, le estaríamos eternamente agradecidos", ruega este enfermo de 63 años, sorprendido al descubrir la conexión burgalesa del medicamento que tanto ansía.
Pero, antes de idear este fármaco, Schinazi tuvo que mudarse a EEUU, donde centró sus primeras investigaciones en las distintas variantes del herpes. Así siguió hasta los años 80, cuando se descubrió que un virus causaba el sida. El científico decidió volcar todas sus energías en desarrollar un fármaco contra la enfermedad más temida del momento. "Habíamos aprendido mucho del virus del herpes, pero nos faltaba aplicar este conocimiento al VIH", explica.
Su trabajo fue vital para el desarrollo de los cócteles de fármacos que han convertido el letal virus en una suerte de mal crónico. A finales de los años 90, de su equipo salieron retrovirales tan populares como laEmtricitabina. Según los cálculos de la Universidad de Emory (Atlanta), donde se encuentra su laboratorio, hasta el 94% de los que recibieron algún tratamiento contra el virus en aquella época se beneficiaron de drogas diseñadas por Schinazi.
Mientras el VIH acaparaba la atención popular, la epidemia de la hepatitis C cabalgaba sigilosa. Durante décadas, ni siquiera estaba confirmada la existencia de la enfermedad: hasta 1989, cuando fue identificada formalmente, se la conocía como "hepatitis ni A ni B". Y eso que era -y es- un problema sanitario de primera magnitud: hoy afecta a más de 150 millones en todo el mundo y mata cada año a 500.000 enfermos, de los que 10.000 viven en España.
Sin embargo, apenas existían fármacos. Los compuestos que se empleaban para combatirlo, como el interferon, tenían una eficacia limitada y terribles efectos secundarios. Pero Schinazi estaba seguro de que si aplicaba sus conocimientos sobre el VIH a este virus, podría desarrollar un tratamiento eficaz: "Me dije a mí mismo: 'Este virus está a la espera de que alguien lo cure'".

El milagro

En 1998, Schinazi creó una empresa, Pharmasset, para financiar sus investigaciones. Su trabajo cristalizó en la molécula PSI-7977, que presentó 13 años más tarde en un congreso médico en San Francisco. La eficacia del fármaco sorprendió a los hepatólogos allí congregados: los 10 pacientes que lo habían tomado durante tres meses se habían curado por completo, sin recaídas. ¿Milagroso?
Dos semanas después, la multinacional Gilead compró Pharmasset -en realidad, sólo les interesaba la molécula PSI-7977- por 11.100 millones de dólares. De ellos, 440 millones correspondían a las acciones de Schinazi. Fue un negocio lucrativo para todos: en el primer semestre de 2014, Gilead facturó 5.800 millones de dólares por el Sovaldi, todo un récord para un fármaco debutante.
Hoy, el científico ya trabaja en nuevos medicamentos para otras dos enfermedades. Una es la hepatitis B: "Creo que podremos curarla fácilmente". La otra, el VIH: "Eso es más difícil: no creo que viva lo suficiente para ver la cura definitiva". Pero, si le dieran a elegir un mal que le gustaría exterminar, elige un tercero: "Me encantaría acabar con el virus de la gripe: aunque no le demos importancia, mata a millones de personas al año", reflexiona Schinazi, divorciado, con una hija y dos nietos.

Extinción definitiva

Pero la búsqueda de nuevos compuestos no es su única ocupación. También trabaja en la promoción del Sovaldi como herramienta para erradicar la hepatitis C del mundo. Según él, si la OMS se coordinara con las principales potencias sanitarias, el mal podría extinguirse de la Tierra en 20 años. "Aquí no estamos hablando de un retroviral que sólo frena la enfermedad, como con el VIH, sino de una cura completa", argumenta. "Si damos el fármaco a todos los enfermos, ya no se la contagiarán a nadie más. Sería maravilloso".
En el caso de España, aboga por tratar de inmediato a los enfermos más graves. Luego, crearía un plan a largo plazo -"unos 10 años es suficiente"- para ir curando al resto de infectados antes de que desarrollen cáncer, cirrosis y otras complicaciones. "A largo plazo, saldría más barato", insiste. "También se podría establecer unsistema de copago para los pacientes más ricos".
-Usted ha cobrado 440 millones por su trabajo. ¿Está justificado tanto beneficio?
-Cuando estaba mendigando para pagar mis investigaciones, que costaron más de 200 millones de dólares, cualquiera podría haber comprado mi empresa por un precio modesto. Pero sólo me hicieronuna oferta cuando quedó claro que nuestro fármaco iba a ser eficaz y rentable. ¿Eso es justo? Hay que premiar a la gente que asume riesgos. Es la única forma de que la ciencia avance.
-¿A qué ha dedicado el dinero de la venta de su fármaco?
-Admito que tengo la vida resuelta. Pero también doné 20 millones a mi universidad, monté una fundación, hago donaciones a organizaciones benéficas y he reinvertido en nuevas investigaciones, porque mi principal deber como científico es salvar vidas... Ah, también pagué muchos impuestos aquel año. ¡Deberían poner mi nombre a una calle!

sábado, 7 de febrero de 2015

Joseph Carey Merrick

El caso de Joseph Carey Merrick
Merrick, siempre bajo una mirada simplificadora e inocente, creyó que la causa de sus deformaciones procedía del ataque, durante una feria, de un elefante a su madre cuando ésta se encontraba embarazada de él. De acuerdo con sus propias palabras:
Vi la luz por primera vez el 5 de agosto de 1862. Nací en Lee Street, Leicester. La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre; ella caminaba por la calle mientras desfilaba una procesión de animales. Se juntó una enorme multitud para verlos, y desafortunadamente empujaron a mi madre bajo las patas de un elefante. Ella se asustó mucho. Estaba embarazada de mí, y este infortunio fue la causa de mi deformidad.

Desde un punto de vista científico, inicialmente se creyó que Merrick padecía filariasis, comúnmente denominada elefantiasis, y cuya causa es un gusano que actúa a modo de parásito. Sin embargo la filariasis es una enfermedad tropical que no tiene presencia en las islas británicas, y en ningún caso produce las graves deformaciones óseas que sufrió Merrick. Posteriormente, se rediagnosticó el caso y se pasó a creer que padeció neurofibromatosis, también conocida como enfermedad del hombre elefante. Tiempo después, también se descartó esta posibilidad, pues algunos síntomas característicos de la neurofibromatosis entran en clara contradicción con evidencias encontradas en el caso de Merrick. Actualmente, y de forma mayoritaria, la comunidad médica cree que la enfermedad que padeció fue una severa variación del Síndrome de Proteus. Aun así, no se descarta que realmente se tratase de una enfermedad nueva, y de la cual Merrick tuviera el infortunio de haber sido el único caso registrado hasta ahora.

sábado, 24 de enero de 2015

ROCIO LOVERA Y ESTHER GARCÍA 

¿Todos tenemos derecho a 'El Medicamento'?

¿Cuales son las causas de la Hepatitis C?
La infección de hepatitis C es causada por el virus de la hepatitis C (VHC).
Usted puede contraer la hepatitis C si la sangre de alguien con hepatitis C ingresa a su cuerpo. La exposición puede ocurrir:
  • Después de una punción con aguja o una lesión con objetos cortopunzantes.
  • Si la sangre de alguien que tiene hepatitis C entra en contacto con una cortadura en la piel o con los ojos o la boca.
¿Qué personas tienen riesgo de padecer la Hepatitis C?
  • Se inyectan drogas ilícitas o comparten agujas con alguien que tiene hepatitis C.
  • Han estado sometidas a diálisis renal durante mucho tiempo.
  • Tienen contacto frecuente con sangre en su trabajo (por ejemplo, un trabajador de la salud).
  • Tienen relaciones sexuales sin protección con una persona que padece hepatitis C.
  • Nacieron de una madre infectada con hepatitis C.
  • Les hicieron un tatuaje o acupuntura con agujas que no se desinfectaron apropiadamente después de haber sido utilizadas en otra persona (el riesgo es muy bajo con profesionales que tengan una licencia o permiso para hacer tatuajes o acupuntura).
  • Recibieron un trasplante de órganos de un donante con hepatitis C.
  • Comparten elementos de uso personal,  como cepillos de dientes o máquinas de afeitar, con alguien que tiene hepatitis C (menos común).
  • Recibieron una transfusión de sangre (rara en los EE.UU. desde los análisis de sangre se hizo disponible en 1992). 
¿Cuales son los síntomas de dicha enfermedad?
La mayoría de las personas que estuvieron recientemente infectadas con hepatitis C no tienen síntomas. Algunas personas presentan amarillamiento de la piel (ictericia) que desaparece. La infección crónica por lo general no causa síntomas, pero se puede presentar cansancio, trastornos cutáneos y otros problemas. Las personas que tienen una infección prolongada (crónica) a menudo no tienen síntomas hasta que su hígado presenta cicatrización (cirrosis). La mayoría de las personas con esta afección están enfermas y tienen muchos problemas de salud.
Los siguientes síntomas se pueden presentar con la infección debida a hepatitis C:
  • Dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen
  • Hinchazón abdominal debido a líquido (ascitis)
  • Heces de color arcilla o pálidas
  • Orina turbia
  • Fatiga
  • Fiebre
  • Picazón
  • Ictericia
  • Inapetencia
  • Náuseas y vómitos
Diferencias entre países:
La cura y el medicamento de la Hepatitis C, varían dependiendo del lugar en el que uno se encuentre.
Hoy en día, el precio de dicho medicamento en España, ronda los 25.000€; en EE.UU dicho precio se ha de multiplicar por tres, obteniendo un precio desorbitado, y muy difícil de adquirir, por tanto solo va a poder ser adquirida por un porcentaje muy pequeño de nuestra población; pero en la India, hablando del mismo medicamento, podemos decir que es 45 veces más barata que en España.
Hay muchos medicamentos que son demasiado caros, por tanto el Estado no los subvenciona, por tanto la gente que no puede consumirlo, muere.

NOTICIA:

Por qué el precio del tratamiento de la hepatitis C en India es 45 veces más barato que en España

Mientras en España los enfermos acusan al Gobierno de jugar con su salud, en oriente plantan cara a las farmacéuticas para acabar con su monopolio.

La India ha negado al laboratorio Gilead el monopolio sobre la cura de la hepatitis C con sofosbuvir, la molécula que comercializa con la marca Sovaldi. La Oficina de Patentes le ha negado la exclusividad por entender que “pequeñas modificaciones en la molécula” no le dan derecho a reclamar una patente. Mientras, en España los enfermos de hepatitis en España han acusado al Gobierno de estar jugando con su salud porque el tratamiento cuesta 60.000 euros y la expedición de recetas se hace de rogar.
Todo empezó cuando un laboratorio indio de genéricos se opuso a la petición de Gilead y el Gobierno le ha terminado dando la razón. Ahora se podrán distribuir tratamientos de sofosvubir con precios hasta 45 veces más baratos que los fabricados por la empresa estadounidense.
Esta molécula elimina el virus del organismo afectado y es efectiva en el 90% de los casos, lo que supone una tasa de curación altísima. La decisión del Gobierno de la India abre la puerta a la venta de genéricos de este medicamento en el país y constituye un contratiempo importante para la corporación, que pagó 9.000 millones hace cuatro años por Pharmasset, propietaria de Sovaldi.
Llueve sobre mojado. Hace un año, el consejero delegado de Bayer perdió los papeles en una discusión de patentes y realizó unas declaraciones muy desafortunadas sobre el precio de los medicamentos patentados. Concretamente dijo que “no desarrollamos este medicamento para el mercado indio, sino para los pacientes occidentales que pueden permitírselo”. El Gobierno de India respondió bajando el precio de su fármaco contra el cáncer de 4.200 euros mensuales a 135 euros.
Precisamente el precio en España del fármaco que cura la hepatitis C en un porcentaje muy alto de casos es el motivo de que el sistema de salud público esté recetando estas pastillas con cuentagotas, según aseguran en la Asociación de Afectados por la Hepatitis C.
El precio del tratamiento ronda los 60.000 euros y el virus afecta a unas 800.000 personas, aunque los médicos advierten que hasta un 70% de enfermos pueden desconocerlo.
El Gobierno pactó con la farmacéutica un precio de 25.000 euros por tratamiento y pareció desbloquearse el problema, pero el enredo burocrático de estudios e informes sobre quién, cuándo y cómo debe prescribirse el medicamento sigue poniendo barreras. El problema se agrava si tenemos en cuenta que la mayoría de los enfermos fueron infectados –hace varios años -por el propio sistema público que ahora les niega la cura.

(Enfermera española, realizando pruebas a un paciente, el cual padecía Hepatitis C)










jueves, 15 de enero de 2015

Si se ha caido al suelo, ¿Me lo puedo comer?

Áurea Rodríguez y Carlota Pavón. 

Si sé ha caído al suelo, ¿Me lo puedo comer?

El 87% de nosotros comería, felizmente, cualquier alimento que, por despiste, se nos cayera al suelo y luego fuera recogido. Un soplido… y a la boca. Así lo ha constatado un grupo de científicos de la Universidad de Aston (Inglaterra), que en marzo de 2014 publicó un enlace para determinar si era cierta "la regla de los cinco segundos”, según la cual todo lo que se aprese del suelo en menos de ese intervalo de tiempo se puede engullir sin problema, porque no ha habido lugar a la transferencia de bacterias.
El estudio, dirigido por el profesor de Microbiología Anthony Hilton, se realizó con tostadas, pasta, galletas y gominolas, que estuvieron en contacto con el suelo entre 3 y 30 segundos y en presencia de las bacterias E. coli y Staphylococcus aureus. El resultado fue contundente: el tiempo es un factor significante en la transferencia de microorganismos. Pero además influye el tipo de suelo y, sorprendentemente, las alfombras son más seguras que un suelo laminado u otro de azulejos.
“La regla de los cinco segundos no haría referencia al tiempo que un microbio puede sobrevivir en una superficie, sino al que necesita para adherirse a una superficie. Pero no significa que pasados 5 segundos vaya a haber un microbio patógeno con certeza. Hay microbios con más afinidad por las superficies que otros, y algunos se adhieren pero no sobreviven. Depende del ser y del alimento”, apunta Alfonso Carrascosa, científico del Museo Nacional de las Ciencias Naturales y microbiólogo experto en seguridad alimentaria.

           

Teniendo claro que estamos rodeados de bacterias y que estas se transfieren en función del tiempo (aunque no sea determinante para su posterior contagio), llega la pregunta del millón: ¿hay riesgo de enfermar cuando nos comemos el pan recién recogido del suelo? Un estudio publicado en 2006 en  journal of Applied Microbiology advertía de que la salmonela, por ejemplo, es capaz de sobrevivir cuatro semanas en la superficie sucia, por lo que si tuviéramos la mala suerte de que la galleta se nos cayera justo encima, sí que podría transmitirse.
Jesús Rodríguez Huertas, director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada y catedrático de Fisiología, confirma que las bacterias patógenas se transfieren de las superficies lisas con polvo al alimento, pero subraya que “el ser humano tiene contacto diario con bacterias y polvo”, por lo que comer lo que rozó el suelo del hogar “no tiene ninguna importancia” en cuanto a la toxicología de los alimentos. “Si se cae el bocadillo en casa, yo se lo daría a mi hijo sin ningún remordimiento”, añade, para mayor claridad. Con todo, hay que aplicar la lógica. Las superficies de casas y oficinas suelen estar limpias. Pero si el “accidente” sucede en una granja o en el parque, donde puede haber restos orgánicos, mejor no seguir con el refrigerio.
¿Pero y si ocurre en un punto intermedio? No es un parqué brillante, pero tampoco un lodazal. Pues ahí, depende de usted. “En líneas generales, no se puede afirmar que la comida que ha caído al suelo esté contaminada y suponga un riesgo real de afectación en la boca”, añade al respecto la doctora Vanessa Blanc, responsable del departamento de microbiología del centro de investigación bucal Dentaid Research Centre. Al fin y al cabo, existen mecanismos de defensa en el ser humano. Primero, la saliva de la boca, que es antimicrobiana. En segundo lugar, el ácido clorhídrico puro, presente en la deglución (acto de tragar). “El microbio que no ha muerto en la boca, lo hace en el estómago”, asegura Carrascosa. La tercera barrera (si aún sobreviviera el agente patógeno) serían las sales biliares del hígado. Y en cuarto lugar, la microbiota intestinal. “Es absolutamente falso que un alimento que se haya caído al suelo vaya a producir una enfermedad”, concluye el experto del CSIC. Así que ya sabe: sea rápido en el acto de repescar el alimento desprendido y valore seguir consumiéndolo en función de la superficie contactada. ¿Y el acto casi automático de soplar el manjar? También tiene sentido. "Pues algo de polvo quitaremos, y eso no está de más", concluye Rodríguez Huertas.

jueves, 11 de diciembre de 2014

¿Pueden las descargas de una cuchara eléctrica sustituir a la sal?

¿Pueden las descargas de una cuchara eléctrica sustituir a la sal?

El futuro de la gastronomía no pasa solo por el simpático robot que nos sirve la cena que nos prometió el cine de ciencia-ficción de los cincuenta. Es más, estos serían unas innovaciones menores comparadas con otras que nos ahorrarían ingerir ciertos alimentos antipáticos para el organismo (la sal, el azúcar...) sin condenarnos a una vida de cenas sosas y olvidables. Y estas ya están llegando poco a poco: tenedores que desprenden aromas, cucharas que salan nuestras comidas o sabores que podrán descargarse de una base de datos y ser incorporados a los cubiertos para que podamos degustarlos en los platos sin pasar por los fogones.
Lo de los sabores digitales suena estrambótico, pero es el objetivo que se han marcado desde la New York University de Abu Dhabi. Lo están consiguiendo con inventos tan sorprendentes como una cuchara que a través de la electricidad consigue que las comidas sepan saladas mediante un mecanismo mitad intrigante mitad aterrador: el utensilio crea los sabores en la lengua del usuario con descargas eléctricas y las distintas frecuencias de los chispazos de ondas provocan las consecuentes impresiones de que lo que se toma es salado, dulce, agrio o amargo.
Desarrollada por el científico Nimesha Ranasinghe y su equipo, la cuchara, que han llamado taste +, es la evolución de una piruleta eléctrica que presentaron en 2013, a su vez evolución de una interfaz hoy, vista con perspectiva, ya algo rudimentaria. También han desarrollado una botella con un hardware similar y tanto la cuchara como la botella incluyen luces de colores, azules para el sabor salado, por ejemplo, para aumentar la percepción de intensidad del sabor cuando se ingiere la comida o el líquido correspondiente.
“El sabor no es sólo sabor. Es una sensación multisensorial y necesitamos los olores, colores, experiencias previas, texturas”, ha declarado Ranasinghe en la revista New Scientist. “Estoy intentando integrar los distintos aspectos de esas sensaciones”, afirma. El cubierto está en principio ideado para aquellas personas como hipertensos o diabéticos que no pueden salpimentar o edulcorar sus platos consigan darle más sabor a las comidas pero visto lo rápido que ha desarrollado todos sus utensilios, no nos extrañaría que en dos años el equipo de este científico lanzara un prototipo de cubertería que incluyera todos esas funciones sensoriales.

El invento abre un mundo de posibilidades hasta ahora desconocidas y quizá en el futuro nos veamos saboreando a través de estos dispositivos lo que cocinan en directo los concursantes de talent shows culinarios. O incluso probar si las recetas de nuestros cocineros favoritos de la tele salen tan bien como aseguran.